El Tesoro de EE. UU. duplica las recompras de deuda y alivia la presión sobre los bonos globales
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció que duplicará el tamaño de determinadas operaciones de recompra de deuda de largo plazo, una medida destinada a reforzar la liquidez del mercado después de una fuerte venta de bonos que llevó los rendimientos a máximos de casi dos décadas.
A partir del 9 de septiembre, las operaciones de recompra de apoyo a la liquidez para bonos nominales con vencimientos de entre 10 y 20 años y de entre 20 y 30 años pasarán de un máximo de US$2.000 millones a al menos US$4.000 millones por operación. El aumento estará vigente hasta el 4 de noviembre, cuando tendrá lugar el próximo anuncio trimestral de refinanciamiento del Tesoro.
La decisión llega después de varias jornadas de fuerte presión sobre los mercados de deuda. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 30 años alcanzó el martes aproximadamente 5,34%, su nivel más elevado desde 2007, ante las preocupaciones de los inversionistas por la inflación, el creciente endeudamiento público y las tensiones geopolíticas.
El anuncio generó una reacción inmediata en el mercado. Los rendimientos de los bonos estadounidenses de largo plazo retrocedieron hasta 10 puntos básicos y el rendimiento a 30 años llegó a situarse alrededor del 5,19% durante la jornada del miércoles.
Mayor liquidez para el mercado
El programa de recompra permite al Tesoro adquirir títulos antiguos que continúan en circulación, conocidos como off-the-run Treasuries. Estos instrumentos suelen negociarse con menor liquidez que las emisiones más recientes.
El objetivo de las operaciones no es implementar un programa de estímulo monetario similar a la flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal, sino mejorar el funcionamiento y la liquidez del mercado secundario de deuda pública.
El Tesoro explicó que la ampliación responde al elevado volumen de títulos de calidad que los participantes del mercado han venido ofreciendo en las operaciones de recompra de vencimientos largos.
La magnitud de esa demanda quedó reflejada en la operación realizada el martes: frente a una capacidad de recompra de aproximadamente US$2.000 millones, los inversionistas presentaron cerca de US$20.000 millones en bonos para vender al Tesoro.
El alivio se extiende a los mercados globales
La reacción no se limitó a Estados Unidos. La caída de los rendimientos estadounidenses contribuyó a reducir los costos de endeudamiento de largo plazo en varios mercados europeos, después de que los bonos gubernamentales de Alemania y Francia también alcanzaran niveles no vistos en más de una década.
La preocupación por la deuda soberana se ha convertido en uno de los principales focos para los mercados internacionales. Los inversionistas evalúan simultáneamente el aumento del endeudamiento público, las perspectivas de una inflación persistentemente elevada y el impacto de las tensiones geopolíticas sobre los precios de la energía.
Japón también permanece bajo vigilancia. El rendimiento de su bono gubernamental a 10 años se ha aproximado al 3%, niveles no observados en alrededor de tres décadas, aumentando las dudas sobre cómo un entorno de tasas estructuralmente más altas podría modificar los flujos internacionales de capital.
Wall Street recibe un respiro
La disminución de los rendimientos también alivió parcialmente la presión sobre las acciones estadounidenses. El S&P 500 y otros índices de Wall Street avanzaron al inicio de la sesión, después de varias jornadas en las que el aumento de las tasas de largo plazo había afectado especialmente a las compañías tecnológicas y otros activos sensibles al costo del financiamiento.
Los movimientos del mercado reflejan la importancia de los bonos del Tesoro estadounidense como referencia para el sistema financiero mundial. Un aumento sostenido de sus rendimientos puede trasladarse a las tasas hipotecarias, el financiamiento corporativo y las valoraciones de las acciones.
La ampliación de las recompras ofrece, por ahora, cierto alivio al segmento de largo plazo. Sin embargo, los inversionistas continuarán atentos a la evolución de la inflación, la política de la Reserva Federal y, especialmente, a la trayectoria fiscal de Estados Unidos para determinar si la caída de los rendimientos puede mantenerse.