La paradoja de la IA: Wall Street financia a China mientras el capital chino apuesta por EE. UU.

Mientras Estados Unidos y China avanzan en la construcción de cadenas de suministro tecnológicas cada vez más independientes, los mercados financieros muestran una realidad diferente: el capital continúa fluyendo entre las dos mayores potencias de inteligencia artificial.
En lo que va de 2026, bancos de Wall Street han participado como coordinadores en 19 operaciones de renta variable de empresas chinas de alta tecnología por unos US$17.200 millones, equivalentes a cerca del 30% de las emisiones del sector, según datos de LSEG.
Al mismo tiempo, los inversionistas chinos mantienen una exposición significativa al mercado estadounidense, especialmente al sector de semiconductores. El valor de las acciones estadounidenses en manos de residentes de Hong Kong y China continental aumentó alrededor de 23% durante el último año, superando los US$750.000 millones.
Wall Street mantiene su presencia en China
Las restricciones estadounidenses sobre chips avanzados, equipos para fabricar semiconductores y determinadas inversiones vinculadas con inteligencia artificial no han detenido completamente la participación financiera de Wall Street en el sector tecnológico chino.
Goldman Sachs, Morgan Stanley, Citigroup y JPMorgan han participado durante el año en operaciones relacionadas con empresas chinas de inteligencia artificial, semiconductores y componentes tecnológicos.
Entre ellas se encuentra Zhongji Innolight, fabricante de componentes ópticos que recaudó aproximadamente US$6.800 millones en Hong Kong, además de compañías vinculadas con inteligencia artificial y fabricación de chips como MiniMax, Montage Technology y Shanghai Iluvatar CoreX Semiconductor.
Esta actividad ocurre mientras China impulsa una estrategia de mayor autosuficiencia tecnológica, particularmente en semiconductores e infraestructura necesaria para desarrollar inteligencia artificial.
El capital chino también busca tecnología estadounidense
Los flujos funcionan en ambas direcciones.
Las acciones estadounidenses representan una parte importante de los activos de los fondos chinos autorizados para invertir en el extranjero, con una fuerte presencia de compañías tecnológicas.
Durante este año también aumentaron las participaciones chinas en fabricantes y proveedores estadounidenses de semiconductores como Micron Technology, AMD, Lam Research y Applied Materials, según datos recopilados por Sinolink Securities.
La tendencia también alcanza al mercado privado. De acuerdo con S&P Global Market Intelligence, el valor de las rondas de financiación de empresas estadounidenses de inteligencia artificial en las que participaron inversionistas con sede en China o Hong Kong pasó de aproximadamente US$436 millones en 2023 a US$8.900 millones a mediados de septiembre de 2026.
Diversificación frente a una industria cada vez más fragmentada
La interdependencia financiera contrasta con los esfuerzos de ambos países por desarrollar ecosistemas tecnológicos propios.
Estados Unidos mantiene restricciones sobre el acceso chino a determinados chips y tecnologías avanzadas, mientras China continúa aumentando la inversión destinada a desarrollar alternativas nacionales.
Para los mercados, esto crea un escenario particular: mientras aumenta la competencia tecnológica y regulatoria, los inversionistas continúan buscando oportunidades a ambos lados.
La relación estará nuevamente bajo atención esta semana durante la reunión del jueves 24 de septiembre entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping en Washington, donde la inteligencia artificial estará entre los asuntos relevantes de la agenda.
Antes del encuentro, funcionarios estadounidenses y chinos acordaron avanzar hacia un diálogo formal sobre riesgos de inteligencia artificial y mecanismos de comunicación ante incidentes relacionados con esta tecnología.
Por ahora, los flujos de capital sugieren que, pese a la creciente separación de las cadenas tecnológicas, los inversionistas todavía no están tratando a los ecosistemas de inteligencia artificial de Estados Unidos y China como mercados completamente independientes.